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Necesidades creadas

Necesidades creadas

La idea de que el deseo no disminuye cuanto más se satisface parece contraria al sentido común, pero ¿quién puede asegurar que el dolor que se experimenta por no poder tener unas muy deseadas vacaciones en la playa no es peor que el dolor que provoca el hambre?

Crear nuevos deseos genera nuevos conflictos

Como he dicho, todo depende del sentido común, y con esto me refiero al raciocinio particular e individual que se elabora mediante la experiencia y la formación.

Y es un hecho que, por naturaleza, cuando se satisfacen las necesidades básicas, aparecen nuevas necesidades. Y no solo nos esforzamos por satisfacer nuestros deseos, sino que también buscamos crear nuevos objetos de deseo.

Esto ocurre, hay que destacarlo, tanto de forma consciente como inconsciente. De manera que terminamos siendo un manojo de deseos por satisfacer, y deseos que siguen originándose.

Al crear nuevos deseos, también creamos nuevos conflictos. Imagínese que llega un demonio a su ciudad y abre un negocio de venta de objetos creados para satisfacer los deseos más secretos de cada una de las personas que viven en su ciudad. Cada vecino reconoce el objeto que va dirigido a satisfacer una necesidad profunda, a pesar que la necesidad nunca había sido sentida hasta que fue expuesta a sus ojos. Esto equivale a hacerse consciente de esos deseos y necesidades que no se conocían e incluso que, antes de tener a la vista el objeto de deseo, no se sentían.

Las necesidades creadas están vinculadas a procesos mentales y experiencias

¿Acaso no le ha pasado que sale a comprar un artículo de limpieza pero termina viendo una serie de productos de belleza que antes no quería pero que de repente siente el deseo casi incontrolable de tener?

Pero no solo ocurre en el ámbito de los productos de belleza, ha sido solo un ejemplo. También suele pasar que el objeto que despierta nuestro deseo se relaciona a una experiencia temprana, del pasado, o guarda relación con buenos momentos que se habían olvidado.

Por ejemplo, un hombre ve una caña de pescar exactamente igual a la que tenía su amado padre. Una mujer encuentra una foto del Elvis Presley que le puede provocar un éxtasis orgásmico. Un jugador compra un artilugio que predice qué caballo ganará en las carreras.

El demonio se niega a recibir dinero por estos objetos, él prefiere negociar y comprometer la vida emocional de cada persona creando necesidades artificiales para satisfacer estas emociones.

La verdad de este artículo es que el demonio al que me refiero no es el diablo, ni las fábricas que producen objetos que despiertan deseos que no teníamos antes de conocer la existencia de esos objetos. Los demonios están dentro de nosotros, representan el deseo fuera de control, el anhelo de satisfacer necesidades cuya satisfacción crea nuevos deseos.

Por lo tanto, las necesidades realmente no son creadas por agentes externos a ti o a mí, sino que se producen en nuestro interior, exteriorizándose a partir del presunto encuentro con el nuevo objeto.

Lo mejor es que puedas conocer sobre las neuroasociaciones para entender cómo se dan estos deseos y cómo programar de una mejor forma tu mente, a fin de evitar las consecuencias de ir tras deseos sin control.

Necesitamos tomar control de las necesidades creadas

En la sociedad de hoy, el dinero es la energía que mueve al mundo, es la moneda corriente que representa la necesidad de un Porsche y no solo un auto como medio de transporte; una casa con lujos y no solo de un lugar donde vivir; manjares y exquisiteces, y no solo comida para vivir. El ansia del dinero es una necesidad artificial que representa todas las demás necesidades artificiales; la necesidad de ser delgado y hermoso en lugar de simplemente estar sano y fuerte; la necesidad de ser poderoso y admirado en vez de simplemente tener un trabajo provechoso; la necesidad de comunicarse significativamente y hacerse notar en lugar de pasarlo bien.

Es así como muchos prefieren supuestas fórmulas mágicas para lograr satisfacer deseos inmediatos sin importar lo que sacrifican, pudiendo evitar el consumo de sustancias equivalentes a atajos para optar por campamentos para bajar peso, o un campamento para adelgazar, que les permitiría lograr el objetivo de un peso ideal sin poner en riesgo la salud en el proceso.

Conclusión

Todas estas son necesidades artificiales, y el ansia simbólica de dinero representa el ansia de todas estas cosas. Para obtener estas cosas usamos como moneda de cambio nuestros cuerpos, nuestro tiempo, nuestro amor y la tranquilidad de nuestro espíritu.

¿Crees que es buen negocio hipotecar nuestra integridad para satisfacer necesidades artificiales? Y tú, ¿qué piensas al respecto?

Recuerda que puedes acceder a mis programas de coaching deportivo, curso spinning e incluso aprovechar los mejores cursos de mi Escuela de Coaching y conocer cómo tomar el control de esas llamadas necesidades creadas.

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